La Guerra de las Dos Horas | Relato corto |

    El primer contacto inició el siete de agosto del año dos mil treinta aproximadamente a las ocho de la mañana. Una estructura, de ocho millones quinientos mil kilómetros cuadrados apareció repentinamente en la estratosfera de la Tierra y descendió al norte del Pacífico; aparentemente posee algún tipo de camuflaje sofisticado que la hizo indetectable a nuestros radares. Estados Unidos envió la primera delegación para establecer comunicación con la denominada SEOC –Nave de Origen Extraterrestre Confirmado en sus siglas en inglés–; los resultados fueron infructuosos, el equipo desapareció al entrar al perímetro de la SEOC. Una delegación Rusa y otra de la Unión Europea tuvieron resultados similares. Poco después inició el ataque.


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Fotografía original de Pexels | cottonbro

    A las ocho cincuenta y dos de la mañana una flota de naves, de cantidad aproximada desconocida, salieron de la SEOC con rumbos hacia puntos específicos del planeta. Todas atacaron de forma sincronizada, estas cuentan con un cañón de plasma que derribó las grandes ciudades del mundo en cuestión de minutos. Los primeros reportes evidenciaron la destrucción casi total de Tokio, Moscú, Pekín, Washington, Berlín, Johannesburgo, Ciudad de México y Brasilia. Ante la imposibilidad de responder con efectividad al ataque, representantes de la ONU y los gobiernos restantes siguieron intentando establecer contacto. No obtuvieron nada más que silencio.

    Podemos asumir que el método de ataque se repitió en cada país o posición estratégica de la Tierra: tras el disparo de plasma, que acaba con las zonas de mayor importancia militar, de las naves descienden cuadrillas de vehículos terrestres, de alrededor de veinte metros de altura, equipados con una clase de ametralladora de alto calibre y una versión reducida del cañón de plasma. Patrullan las calles y eliminan a algunos civiles. No asesinan a todas las personas; ellos toman prisioneros, lo sabemos casi con total certeza, pero desconocemos el motivo.

    En un último intento de contraataque, Estados Unidos, Corea del Norte, Corea del Sur y el Reino Unido coordinaron un bombardeo nuclear contra la SEOC y las naves de abordaje. Desaparecieron ciudades enteras, no obstante ninguna de las naves enemigas sufrió daños. A las nueve treinta y cuatro de la mañana los hostiles enviaron un primer mensaje; diez minutos pasaron hasta que alguien descifró su tipografía. Las pocas estaciones de televisión y emisoras de radio que se mantenían al aire esparcieron el mensaje: *«Presentar líderes. Declarar la rendición». Estas cuatro palabras resonaron en cada frecuencia y canal posible.

    Los ataques cesaron poco después y las naves de abordaje se replegaron; los vehículos terrestres permanecieron en posición. Exactamente a las diez de la mañana un nuevo mensaje fue difundido a través de pantallas y bocinas: los autodenominados 'líderes' del Grupo de los Siete se presentaron como las máximas autoridades del planeta y afirmaron haber firmado la rendición ante los misteriosos invasores. Este evento bélico es conocido como la Guerra de las Dos Horas, pero no fue una guerra, fue una aniquilación que acabó con la mitad de la vida humana.

    Ahora vivimos como ratas, bajo la merced de estos colonizadores cuyo objetivo real, más allá de recursos naturales, es aún incierto. La esperanza es casi nula, sin embargo seguimos luchando, esto se trata de la supervivencia de nuestra especie y por ello no sucumbiremos, somos la resistencia, la humanidad depende de nosotros.

XXX

Juan Pavón Antúnez

 

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