Sobre la lectura hoy: ¿la gente aún lee libros?

Tal como ocurrió el domingo pasado, la reflexión de hoy surgió a partir de la frase de un libro. Es cierto que es un tema sobre el que he conversado en varias oportunidades en diferentes espacios, pero la lectura de esas líneas en Mujeres que matan del venezolano Alberto Barrera Tyszka, volvieron a traer a mi mente algunas ideas que quiero presentarles, no como respuesta a una situación que tiene miles de ramas, sino como punto de partida para el debate al cual me gustaría invitarles al final del post. El párrafo mencionado dice así:

"La gente dice que lee pero no es verdad - afirmó, sonriendo -. La gente lee noticias, chismes, mensajes de texto, lo que sea pero que sea corto. Ya casi nadie lee libros. Les parece demasiado. Hay quienes ven un libro y se cansan."

Las negritas son mías, para ilustrar el núcleo de la idea, pero vamos por partes. Lo primero que aparece en la novela, a través de la opinión de uno de los personajes, es esa pequeña mentira sobre lo que dice la gente. Sin profundizar mucho en ello, mi experiencia ha sido que muchas personas que afirman leer, en verdad no lo hacen o lo hacen menos de lo que aparentan. Hago la salvedad de que Barrera Tyszka se refiere a leer libros, novelas, cuentos, se refiere a la Literatura y no a la actividad de interpretar grafemas.

Tal como lo resalté, la gente lee lo que sea pero que sea corto porque vivimos en un mundo que lleva un ritmo cada vez más acelerado. La información a la cual podemos tener acceso en un momento se oxida un instante después cuando es sustituida por una noticia de último minuto y ello se debe en gran parte a que ahora somos una verdadera aldea global y nos enteramos al instante de lo que sucede en Alaska o en Australia. Por ejemplo, la reciente explosión en Beirut fue una noticia que se volvió viral en todo el mundo en cuestión de minutos. Sumado a ello, no sólo vivimos en un mundo más global sino que lo llevamos en el bolsillo. En cualquier instante podemos tomar nuestro smartphone para enterarnos de los últimos sucesos y existe una tendencia imperante en las redes sociales y en el mundo de hoy en día que nos empuja, casi nos obliga a saber, a estar informados sobre las últimas noticias, no todas ellas trascendentes o importantes. Tocar la pantalla, hacer scroll y leer tweets o titulares sobre diferentes cosas (de los memes no voy a hablar), una tras otra, forma parte de esa velocidad en la que estamos inmersos y que nos condiciona a prestarle atención a las cosas durante pocos minutos, incluso segundos, para dar paso a lo que viene un instante después.

Por eso, ya casi nadie lee libros. Leer una novela o un libro de relatos, requiere tiempo y atención. Mucho más la poesía que muchas veces requiere leerse con lentitud, una y otra vez, para poder aprehender el significado de cada verso. La gente ve un libro de unos cientos de páginas y efectivamente se cansa. He notado la sorpresa de algunos conocidos cuando se enteran de que leí una novela de doscientas páginas en una semana (a mí me suena a poco) o cuando ven que ya estoy inmerso en un libro de cuatrocientas o quinientas páginas. Hoy más que nunca, leer una novela es un acto de valentía, de rebeldía incluso, porque hay que sustraerse del vértigo con que se mueve el mundo y una sociedad que condena lo diferente, ¿quién prefiere leer un libro que estar metido en Instagram? ¿quién va a preferir sumergirse en una historia de papel que verse toda la temporada de una serie en Netflix? No es común (aunque este punto también es debatible) precisamente porque no es fácil encontrar un momento de tranquilidad, de calma suficiente como para abstraerse de la vida cotidiana y viajar a la Rusia de Ana Karenina o al Macondo de la familia Buendía.

Algunos dirán que este mundo de hoy, con sus avances tecnológicos y plataformas digitales, aporta una visión renovada al hábito lector. Sin embargo, aunque es cierto que tenemos Kindle y otros lectores de libros electrónicos (ebooks), no es menos cierto que la mayoría de las historias que se encuentran en estos espacios, aún más las que son producidas para ellas de manera exclusiva, llevan dentro de sí el mismo ritmo vetiginoso del mundo que les dio la oportundiad de nacer. Autores y libros creados para el consumo de lectores normalmente jóvenes (más diestros en el manejo de la tencología) que se dedican a devorar historias fantásticas, románticas y juveniles en Wattpad. Conozco una persona que es capaz de leer libros clásicos en formato pdf o epub, pero es la excepción de la regla. Los adolescentes que manejan las bibliotecas digitales normalmente no conocen autores de gran tradición literaria y quienes los conocen, prefieren siempre el papel (me incluyo) porque, seamos claros, para acompañar a Jean Valjean, entender a Joseph K. o perseguir a Arturo Belano y a Ulises Lima alrededor del mundo, no hay mejor forma de hacerlo que tomando la esquina de la página y desplazándola de derecha a izquierda, produciendo un ruido con el roce e inhalando el aroma del papel.

La atención de las personas parece estar sometida hoy día al oligopolio de los medios audiovisuales: la TV, el cine, la música, los conciertos y las más recientes plataformas de streaming son en la actualidad los destinos predilectos de quienes buscan un momento de entretenimiento y de quienes, atrapados en la inercia de la maquinaria mundial, no tienen mucho tiempo libre. Aunque todo esto parezca un panorama pesimista para los libros, a mí me emociona bastante porque leer es, hoy más que nunca, necesario y edificante. Ante las prisas del mundo, la calma de un clásico; ante la sobresaturación de noticias, un poema; para cuando no hay mucho tiempo, un buen cuento. Y lo que más me gusta de todo esto es que sé que no estoy solo, que los lectores no somos mayoría pero aún así somos miles y millones. Y tú, ¿qué opinas? ¿qué te dicta tu experiencia? ¿crees que la gente ha dejado de leer? ¿está próxima la muerte de los libros tal como los hemos conocido? Los leo en los comentarios.

Reseñado por @cristiancaicedo

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