La excursión (Historia de suspenso y terror)

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¡Hola, gente de internet! Hoy les traigo una nueva historia, es un poco corta, aún así, espero que les guste jeje.

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El muchacho no dejaba de temblar mientras abrazaba a la chica. Ambos fueron hallados caminando en medio de la carretera solitaria, con la mirada perdida, tomados de la mano, la ropa sucia de tierra, hojas y sangre. La gente del pueblo continuo a la dirección de la que venían, reportó a la policía el hecho. Ambos fueron llevados a la estación policial, estaban temblando y callados, abrazándose como si quisieran fusionarse y sin reaccionar a ningún estímulo.

La policía había peinado la zona, hallado y revisado el auto, pero solo estaban las pertenencias de los jóvenes, entre ellas, un par de cámaras filmadoras. Se determinó que muy posiblemente ambos tenían un especie de shock post traumático y que debían ser (en medida de lo posible) interrogados por un psiquiatra.

Si bien la psiquiatra consiguió sacarle algunos detalles al muchacho, como su nombre, edad, donde vivía y los detalles iniciales del viaje, él empezó a alterarse y terminó sin querer hablar más, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. La especialista consideró que agobiarlo no era la mejor opción, y aconsejó a los investigadores revisar las cámaras.

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Una llamada insistente en su teléfono lo despertó, éste sonaba una y otra y otra vez. Bostezó y se desperezó antes de contestar la llamada.

—¿Sí? —dijo mientras se frotaba los ojos.

—¡Hasta que al fin contestas, Keiichi-san! —dijo una dulce voz al otro lado de la linea—, te he estado llamando toda la tarde.

Lo siento, regresé muy cansado del gimnasio, solo comí algo, me di una ducha y me vine a dormir, ¿ahora cuéntame el motivo de tu llamada Kiri-chan? —respondió Keiichi levantándose de la cama y haciéndola mientras sostenía el teléfono entre la oreja y su hombro.

Escuchó un suspiro del otro lado de la línea.

—Quiero hacer una investigación para la universidad, y a mis amigas y a mi se nos ocurrió ir a Mikarinawa, ya sabes, ir a grabar un rato, hacer algunos planos y ya luego nos encargaremos de añadirle la voz en off. La historia del pueblo es interesante, así que estamos seguras de obtener una excelente calificación... —dijo la jovencita con entusiasmo.

—Sabes que es un pueblo abandonado y que es peligroso ir, ¿no? además... ¿para qué me lo cuentas?

—No es peligroso, hay muchos exploradores que van ahí, y te lo cuento porque eres el único que conozco que tiene auto propio y que además vive solo y no tiene que pedirle permiso a sus padres —dijo ella riendo. Él sonrió.

Keiichi aceptó llevarlas y ambos continuaron hablando de los preparativos del viaje, hasta que todo estuvo listo.

El sábado por la noche, Keiichi ya estaba pasando por las chicas. Buscó primero a kiri y después pasó por Sakura-chan y Devon-chan.

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Keiichi empezaría el viaje por la noche para llegar a Mikarinawa por la mañana, ya que era un largo viaje. Para su fortuna, las chicas estuvieron casi todo el viaje grabándose para su documental, hablando del pueblo abandonado y de todos los hechos extraños que sucedieron ahí. Posteriormente Sakura y Devon se durmieron, pero Kiri permaneció despierta para hablarle a Keiichi con la intención de que él no sucumbiera ante el sueño.

Cuando amaneció, compraron algo de comida en el pueblo anterior a Mikarinawa y se sentaron a comer en las mesas fuera del establecimiento mientras se grababan y hablaban alegremente ante la cámara. Decidieron grabar continuamente a partir de ese momento para no perder detalles. Empezarían usando la cámara de Kiri, aunque llegados al pueblo, cada quién tendría una cámara para grabar su parte.

Se subieron al auto ante las miradas de preocupación de algunos aldeanos que les habían aconsejado desistir de ir al pueblo maldito, sin embargo, los muchachos hicieron caso omiso y se subieron al auto para continuar el ascenso a la montaña por la carretera.

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Llegaron al final del camino según su GPS, pues, aunque el pueblo se encontraba a media hora de caminata, el auto no podía pasar debido a varios troncos de árboles caídos.

—Bueno chicas —empezó a decir Keiichi mientras apagaba el auto y le ponía el freno manual—, yo las espero aquí en el auto, en verdad necesito dormir. Cualquier cosa que necesiten, me llaman y por favor, no vuelvan tarde.

—De todos modos el punto de reencuentro de nosotras es el altar shinto de la plaza que está en la entrada, cualquier eventualidad, nos vemos todos ahí... Estaremos de regreso a eso de las cinco de la tarde, Keiichi-san.

Las chicas se despidieron y Keiichi las vio alejarse después de trepar por sobre los troncos. Posteriormente bajó los seguros del auto y echó su asiento hacia atrás para poder dormir un buen rato.

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Keiichi despertó con el sonido de un fuerte golpe en el vidrio, y cuando abrió los ojos se encontró con un rostro aterrador que lo observaba al otro lado de la ventana.

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Keiichi gritó y se incorporó, sin embargo, la cara ya no estaba. Esperó unos segundos mientras organizaba sus ideas y aclaraba su vista borrosa. No había nada ni nadie afuera, y de hecho se alarmó un poco pues, claramente el sol se había puesto hacía bastante tiempo y la carretera se veía más oscura.

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Keiichi respiró profundo y encendió el auto para ubicarlo de frente a la salida, luego lo apagó de nuevo y miró su teléfono. Eran las 6:10 pm. Preocupado empezó a llamar a las chicas, pero ninguna contestaba. Decidió ir por ellas.

Tomó su mochila, las llaves del auto, la cámara y su telefóno, aseguró el auto y emprendió la marcha a Mikarinawa mientras intentaba seguir llamando. Cuando entró en el pueblo, entendió la razón por la cual sus amigas no contestaban, ahí no había señal.

Caminó un poco y divisó el altar shinto del que le había habado su amiga. Se sentó frente a una casa desvencijada a esperar a que alguna volviera al altar. Esperaría unos diez minutos y si no volvía ninguna, empezaría a caminar por el pueblo para buscarlas.

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Pasado el tiempo previsto, Keiichi empezó a caminar aldea arriba, entre las casas abandonadas y graneros en el mismo estado.

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Aunque lo lógico sería llamar a sus amigas, algo en el lugar le impedía gritar. Se sentía observado y sumamente incómodo, estaba esperando con desespero hallar a las chicas y poder regresar pronto al auto.

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Le pareció ver a Devon cruzar detrás de una enorme casa. Caminó algunos pasos mientras despegaba los labios para llamar a la muchacha, cuando de pronto, alguien le tapó la boca y lo arrastró detrás de un árbol. Aterrado, se giró y se dio cuenta de que quién lo tomó era Kiri.

—Kiri-chan, ¿qué pasa? Hace una hora y treinta minutos que deberían estar en el auto ¡estaba preocupado! —dijo susurrando, pero paró su perorata al ver las lágrimas de miedo en la cara de Kiri.

—Tenemos que encontrar a Sakura-chan y salir de aquí, Keiichi —susurró ella tomándolo de la mano y caminando pausadamente, sin dejar de vigilar la casa. Su expresión empezaba a asustar a Keiichi.

—¿Y qué pasa con Devon-chan? —preguntó Keiichi mientras seguía a su amiga.

—Ésa no es Devon-chan, ella... ella es algo que se hace pasar por Devon, Devon-chan está muerta.

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—¿Qué? —preguntó mientras sentía que las piernas le fallaban al intentar sostenerlo—, ¿de qué estás hablando, Kiri-chan?

Ella temblaba mientras, con cautela, avanzaban por la siniestra aldea y la luz diurna desaparecía. Keiichi se dio cuenta de que Kiri estaba filmando y que llevaba encima la cámara de Devon.

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—Al llegar al pozo nos separamos para grabar cada una la parte que le correspondía, cuando terminé, volví al pozo a esperar a las demás y un rato después llegó Sakura-chan, esperamos un rato, pero Devon-chan no volvía, así que nos separamos de nuevo para buscarla y cuando llegué al puente... la.. la encontré... estaba muerta. Tomé su cámara y revisé la grabación... la atacó una especie de mujer... ¡Quiero irme de aquí, Keiichi-san! —dijo ella.

Keiichi descartó la idea de una broma, ya que Kiri no jugaría con algo así y además, su expresión corporal, sus lágrimas, todo era genuino.

—¿No tienes ni idea de hacia dónde se fue Sakura-chan? —atinó a decir. Casi no podía respirar, mucho menos pensar con claridad.

—Sí, hacia allá nos dirigimos.

No pasó mucho antes de que encontraran la cámara de Sakura, estaba manchada de sangre por un lado. Ambos se miraron y Keiichi la tomó con manos temblorosas.

Oyeron un sonido extraño, como si alguien comiera el contenido viscoso de un ovento descompuesto. Ambos estaban aterrados sin dudas, sin embargo, Keiichi colocó a Kiri detrás de él y se asomó a la ventana más próxima desde dónde provenía el sonido. Su respiración se cortó, dentro estaba Devon devorándose a Sakura.

Sin decir una palabra, ambos jóvenes volvieron sobre sus pasos intentando, hacer el menor ruido posible.

—¡Es de mala educación espiar la comida de los demás! —dijo una voz atronadora a sus espaldas. Al voltear se dieron cuenta de que no había nadie a la vista y aunque la voz sonaba distorsionada como cuando se ralentiza un tocadiscos, recordaba a la de Devon.

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—Será mejor que corramos—. dijo Keiichi mientras abandonaba toda precaución, y de la mano de Kiri, corría como desquiciado por toda la aldea.

Apenas comenzaron a correr y sus pies repiqueteaban contra el suelo, empezaron a oír aullidos que recordaban a bestias desde lo más profundo del bosque.

—No te detengas, Kiri-chan, ¡Sigue corriendo! —gritó Keiichi mientras encendía su linterna, pues ya la noche había caído.

—Lo prometo —contestó ella con una ligera incomodidad.

Lo más aterrador era ver las sombras de sus amigas correr y reír detrás de ellos entre los árboles, cuando ellos sabían claramente que ellas hacía bastante tiempo que habían dejado de existir.

Tropezaron varias veces debido a la poca luz, sin embargo, no dejaban de correr. Poco después llegaron al asfalto desquebrajado de la carretera y después de quince minutos habían trepado rápidamente por encima de los troncos caídos y se subían al auto.

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—¡Vamos, vamos, Keiichi-san! ¡Enciéndelo! —gritó Kiri desesperada.

—Cuento 1... 2... 3... me acerco cada vez más, 4... 5... 6... a ese par voy a devorar.

Esa voz parecía provenir de todas partes y se hacía cada vez más atronadora. Keiichi encendió el auto y aceleró pisando fuerte. Sus manos temblaban y sus piernas también. Poco después detuvo el auto y se bajó sin decir nada mientras la fría lluvia que comenzaba a caer lo mojaba.

Kiri hizo lo mismo, ninguno se preocupó en apagar el vehículo, las luces o cerrarlo. Ambos empezaron a caminar como autómatas carretera abajo, hacia el pueblo cercano a Mikarinawa en dónde hacia 3 días habían desayunado, pues, lo que para ellos fue una persecución de unas horas, había sido una de tres días.

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Más allá de Chichibu, existe una aldea escondida entre los árboles, escondida no por el paso del rey tiempo, sino porque no es un lugar que deba estar a la luz... Cuando el asfalto se quiebra y las sombras se juntan, las pesadillas, cobran vida en Mikarinawa.

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Bueno, gente, esto ha sido todo por el post de hoy, espero que les haya gustado. Muchas gracias como siempre a todos los que apoyan mi trabajo, y gracias a los nuevos lectores. Mil abrazos y ya nos encontraremos en otro post.

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Las imágenes de portada y despedida, las realice en el editor Canva. El logo lo hice en la siguiente pagina:

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