LOS ESTEREOTIPOS: una curiosa manera de caracterización universal / STEREOTYPES: a curious way of universal characterization (Esp-Eng)

LOS ESTEREOTIPOS: una curiosa manera de caracterización universal

por Pedro La Cruz

(English version below)

La realidad histórica que conocemos desde la escuela o desde el hogar, explica, si se puede decir, el sincretismo cultural de nuestro mundo que, en principio se transmitió por tradición oral. En épocas cuando aún no existía la electricidad ni los medios de comunicación, la gente hablaba no solo de su presente sino de su pasado cercano o remoto, de su origen genealógico. La evocación del pasado trajo el anecdotario, lo testimonial, los recuerdos de la tierra y las costumbres dejadas atrás pero también lo que se conoció en los viajes, que solían ser por varios meses o años hasta el siglo XIX.

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Fuente: Pixabay
De ese modo, al recordar o evocar gentes y pueblos se caracterizaba o se cualificaba lo que se percibió en la experiencia del viajero. Y la fama o cualidad de unos, positiva o negativa, se difundió por esos extranjeros que pasaban. Expresiones como pueblo hospitalario o pueblo hostil, tal vez venga de esas épocas. Del mismo modo la realidad y la dureza de aquellos tiempos de viajes, guerras y combates que caracterizaron la épica de nuestros orígenes forjó, en mi criterio, la singularidad de los estereotipos que aún hoy caracterizan la comunicación humana al referirnos a personas o pueblos.

Como toda creación humana, los estereotipos, no sólo están en la tradición oral sino también en la literatura, ya sea en la leyenda, la crónica, la narrativa o la poesía, tanto lírica como épica, donde podemos encontrar miles de ejemplos de caracterizaciones o cualificaciones. De modo que por las dos vías, la tradición popular y la literatura, se consolidó en los tiempos modernos. Sin embargo, sabemos que es una forma de etiqueta que no expresa una verdad absoluta sobre la persona o sobre un pueblo. Cuando escuchamos decir de un pueblo, un pueblo violento o un pueblo valiente, ¿Realmente, todos son violentos o todos son valientes?, un Presidente de USA que nunca nos visitó, repitió una frase común a otros personajes públicos conocidos, al referirse a Venezuela, como tierra de grandes riquezas, bellas mujeres y excelentes peloteros. Les dejo a ustedes las preguntas y las respuestas que puedan derivarse de ese estereotipo.

Pero creo que, en muchos casos, los estereotipos, como en la literatura y en la mente humana, se mezclan magistralmente lo real con lo mágico maravilloso.

En lo personal, me considero algo desarraigado. Nací en Caracas en 1950 y cuando estaba por cumplir 7 años, mis padres me enviaron a vivir con mi abuela y mi tía a Cumaná, a un poco más de 400 kilómetros, cuando el país aún no tenía las autopistas y carreteras de hoy, pero sí muchos conflictos políticos por la dictadura que nos gobernaba. El viaje duró dos días. En esta ciudad del oriente del país conocí el mar, el golfo de Cariaco y el río Manzanares. El cerro y el Castillo San Antonio de la Eminencia eran mi patio de juegos con mis amigos de infancia y adolescencia. Unos años después me fui a Maturín a terminar el bachillerato porque me expulsaron del liceo por participar en protestas estudiantiles callejeras. En Maturín viví con uno de mis profesores y su familia; él también fue castigado por sus ideas y lo trasladaron a la capital de Monagas. Una vez graduado, con título de bachiller y una beca, vine solo a Caracas con 20 años de vida e ilusiones en el equipaje. Los familiares que me dieron hospedaje en Caracas, creyeron por mucho tiempo que yo sabía tocar cuatro, jugar truco y dominó, tomar anís y comer pescado todos los días, era el estereotipo que tenían de las personas que vivían en el oriente del país. Les costó trabajo aceptar que por muchos años estuve en el orfeón de los liceos donde hice el bachillerato y en el coro de la Catedral.

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Foto del Castillo San Antonio de la Eminencia, Cumaná Estado Sucre (foto de mi archivo personal)

Lo cierto es que nunca aprendí ni me gustó jugar cartas y, el pescado, no estaba entre mis gustos gastronómicos, no me gusta el anís. Aprendí a jugar dominó después de casado con una muchacha de Anzoátegui que conocí en Catia cuando me iniciaba como docente en esa populosa zona de Caracas. Desde muy joven leía uno o dos libros por mes y hablaba con mis profesores o con los estudiantes universitarios que residían en el barrio en habitaciones alquiladas. Definitivamente mi origen, costumbres y formación eran algo diferentes al común denominador de mis amigos, ellos tenían otros hábitos, no menos importantes que los míos. Especialmente por algo singular: siempre me gustó conversar con adultos y no me gustó expresarme con vulgaridades ni hablar mal de otras personas. Casi siempre he sabido guardar secretos.

Los estereotipos con frecuencia pueden conducir a falsas expectativas con respecto a la gente cuando se convierten en etiquetas que solo caracterizan el plano exterior y no la personalidad o el potencial de las personas. Como dije antes, mi infancia tuvo la fuerte influencia de la abuela y la tía, mujeres sin esposos ni estudios, más tarde llegó mi madre con mi hermana 3 años mayor y mi hermano un año menor, sin mi padre. Desde chico no me gustó decir groserías. Pude comunicarme rápidamente con adultos y ser capaz de sostener conversaciones con cualquier persona, sin distinción de condición económica, social, tendencia política o nacionalidad. Conocí y trabé amistad con un vagabundo de apellido Escarrá que decía provenir de una familia acaudalada; con él conocí algo de la filosofía clásica y de poesía española pues recitaba de memoria bien a Manrique o a Garcilaso, entre otros, pero la gente lo rechazaba por su aspecto físico, la ropa sucia y su locuacidad.

Después de la II Guerra Mundial y con el desarrollo de los medios de comunicación y la industria cinematográfica, Hollywood contribuyó con la creación de formas estereotípicas de lo americano como algo propio de aquel país del denominado primer mundo, cuando americanos somos todos los que nacimos y habitamos los países desde Canadá, pasando por los países de Centroamérica hasta Chile y Argentina en el sur del continente. Allá, al norte de México, viven los superhéroes y súpervillanos y cada vez que nos visitan los extraterrestres se van a Manhattan o a La Florida. Eso es lo que nos han vendido por años.

Estos estereotipos que crean las agencias publicitarias, el cine y algunos escritores no hacen otra cosa que dibujar en el aire una realidad muy distinta a lo que es realmente esa gran nación donde habitan personas provenientes de todas partes del mundo menos de Marte o de cualquier otro planeta donde, por cierto, no hay vestigios de civilización alguna.

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Fuente: Pixabay

Con lo dicho anteriormente lo que quiero dejar como conclusión es que cada persona tiene su historia. Somos como un libro no concluido y sus páginas encierran verdades y misterios de lo que somos; así un pueblo también es una extensa enciclopedia, pero es difícil que podamos encerrar en las pocas palabras de uno o varios estereotipos la esencia de una persona o de un pueblo porque esa esencia de lo humano es lo común a todos los seres humanos que habitan el planeta.

La mayoría de las religiones más importantes que se profesan en el mundo actual tienen su origen donde hoy, y desde hace varios siglos, se escenifican cruentas batallas y enfrentamientos que han hecho imposible la paz duradera en aquella región y que amenazan con extender sus conflictos a nuestro continente con acciones inaceptables como el terrorismo. Espero con estos ejemplos sostener mi argumentación en este interesante tema propuesto por @starstrings01 y @crossculture.

Invito a @rodrikun17, @josemalavem y @yonnathang

Gracias por leerme hasta el final, agradezco tus comentarios y sobre todo, la crítica que me permita mejorar como escritor.


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ENGLISH VERSION

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THE STEREOTYPES: a curious way of universal characterization

by Pedro La Cruz

The historical reality that we know from school or from home, explains, if it can be said, the cultural syncretism of our world that, in principle, was transmitted by oral tradition. In times when electricity and the media did not yet exist, people spoke not only of their present but also of their near or remote past, of their genealogical origin. The evocation of the past brought the anecdotal, the testimonial, the memories of the land and the customs left behind but also what was known in the trips, which used to be for several months or years until the nineteenth century.

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Source: Pixabay

In this way, remembering or evoking people and towns characterized or qualified what was perceived in the traveler's experience. And the fame or quality of some, positive or negative, was spread by those foreigners who passed through. Expressions such as hospitable people or hostile people, perhaps come from those times. In the same way, the reality and harshness of those times of travels, wars and combats that characterized the epic of our origins forged, in my opinion, the singularity of the stereotypes that still today characterize human communication when referring to people or peoples.

Like all human creation, stereotypes are not only in the oral tradition but also in literature, whether in legend, chronicle, narrative or poetry, both lyrical and epic, where we can find thousands of examples of characterizations or qualifications. So by both ways, popular tradition and literature, it was consolidated in modern times. However, we know that it is a form of label that does not express an absolute truth about the person or about a people. When we hear it said about a people, a violent people or a brave people, Really, they are all violent or they are all brave?, a US President who never visited us, repeated a phrase common to other well-known public figures, when referring to Venezuela, as a land of great wealth, beautiful women and excellent baseball players. I leave to you the questions and answers that can be derived from that stereotype.

But I believe that, in many cases, stereotypes, as in literature and in the human mind, masterfully blend the real with the magical and marvelous.

Personally, I consider myself somewhat rootless. I was born in Caracas in 1950 and when I was about to turn 7 years old, my parents sent me to live with my grandmother and my aunt in Cumana, a little more than 400 kilometers away, when the country still did not have the highways and roads of today, but many political conflicts due to the dictatorship that ruled us. The trip lasted two days. In this eastern city I visited the sea, the Gulf of Cariaco and the Manzanares River. The hill and the "Saint Antonio de la Eminencia" Castle were my playground with my childhood and teenage friends. A few years later I went to Maturin to finish high school because I was expelled from high school for participating in student street protests. In Maturin I lived with one of my teachers and his family; he was also punished for his ideas and was transferred to the capital of Monagas. Once I graduated, with a bachelor's degree and a scholarship, I came alone to Caracas with 20 years of life and illusions in my luggage. The relatives who gave me lodging in Caracas, believed for a long time that I knew how to play cuatro, play truco and dominoes, drink anisette and eat fish every day, it was the stereotype they had of the people who lived in the east of the country. It was hard for them to accept that for many years I was in the choir of the high schools where I did my high school and in the Cathedral choir.

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* View of Cumana from the Castle Hill (image from my personal archive)

The truth is that I never learned or liked to play cards and fish was not among my gastronomic tastes, I do not like aniseed. I learned to play dominoes after I married a girl from Anzoátegui that I met in Catia when I was starting as a teacher in that populous area of Caracas. From a very young age I read one or two books a month and talked with my professors or with the university students who lived in the neighborhood in rented rooms. Definitely my origin, habits and education were somewhat different from the common denominator of my friends, they had other habits, no less important than mine. Especially for something singular: I always liked to converse with adults and I did not like to express myself with vulgarities or speak ill of other people. I have almost always been able to keep secrets.

Stereotypes can often lead to false expectations of people when they become labels that only characterize the exterior and not the personality or potential of people. As I said before, my childhood had the strong influence of grandmother and aunt, women without husbands or education, later came my mother with my sister 3 years older and my brother a year younger, without my father. Since I was a child I did not like to swear. I was able to communicate quickly with adults and be able to hold conversations with anyone, regardless of economic or social status, political tendency or nationality. I met and befriended a vagabond named Escarrá who claimed to come from a wealthy family; with him I knew something of classical philosophy and Spanish poetry because he recited by heart Manrique or Garcilaso, among others, but people rejected him because of his physical appearance, his dirty clothes and his loquacity.

After World War II and with the development of the media and the film industry, Hollywood contributed to the creation of stereotypical forms of the American as something proper to that country of the so-called first world, when we are all Americans who were born and live in countries from Canada, through the countries of Central America to Chile and Argentina in the south of the continent. There, north of Mexico, live superheroes and supervillains and every time aliens visit us they go to Manhattan or Florida. That is what we have been sold for years.

These stereotypes created by advertising agencies, movies and some writers do nothing more than draw in the air a reality very different from what is really this great nation inhabited by people from all over the world except Mars or any other planet where, by the way, there are no traces of any civilization whatsoever.

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Source: Pixabay

What I want to conclude from what I have said above is that each person has his or her own history. We are like an unfinished book and its pages contain truths and mysteries of what we are; thus a people is also an extensive encyclopedia, but it is difficult to enclose in the few words of one or more stereotypes the essence of a person or a people because the essence of the human is common to all human beings who inhabit the planet.

Most of the most important religions professed in the world today have their origin where today, and for several centuries, bloody battles and confrontations have been taking place that have made lasting peace impossible in that region and that threaten to extend their conflicts to our continent with unacceptable actions such as terrorism. I hope with these examples to support my argument in this interesting topic proposed by @starstrings01 and @crossculture.

I invite to @rodrikun17, @josemalavem y @yonnathang

Thank you for reading me to the end, I appreciate your comments and above all, the criticism that allows me to improve as a writer.

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