Mascotas campesinas

Un saludo cordial para todos los miembros de la prestigiosa comunidad HIVE.

A pesar de la rudeza del trabajo campesino, que endurece la piel de nuestros hombres y mujeres de las zonas rurales, la mente y el corazón se mantienen totalmente humanos, a tal punto que les brindan un cariño especial a sus animales de compañía, ya sea en condición de mascotas, o de animales que después serán sometidos al sacrificio para sustento alimenticio.

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Los habitantes de las zonas rurales mantienen una cercanía permanente con la naturaleza, lo que los lleva a criar y aquerenciar los animales más extraños que podamos imaginar, incluidos los animales de presa, que difícilmente se amansan, pero si llegan a reconocer a sus dueños humanos.

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Es un hecho común, que los animales de fines utilitarios, como los caballos, bueyes, cabras, o gallinas, tengan sus momentos de toñequería, durante los cuales son atendidos con esmero especial, se les hace cariño, y, sobre todo, se les hace entender el papel que juegan dentro de la vida de los campesinos.

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Los animales que son potenciales raciones de alimento, también reciben ese trato cariñoso, pero a la hora de sacrificarlos, la persona que los tenía bajo el amparo de su cariño, no participa de la matanza o desguace, pero casi siempre, comen su ración de carne.

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Existe una preferencia por animales como los loros, que son criados desde pichones, para lo que es necesario ubicarlos en los nidos, en árboles o madrigueras, calcular el momento apropiado para quitárselos a los progenitores, y empezar ese difícil proceso de alimentarlos con una papilla similar a la que regurgitan los loros adultos.

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Una vez emplumadas, estas aves ven al humano que se los robó del nido, como su benefactor, y lo reconocen por encima de otras personas, llegando a tornarse agresivas con los extraños.

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Otras aves, como las gallinas y guacharacas son criadas como mascotas y, a la vez, como potenciales animales de consumo, destacando que las gallinas fueron domesticadas en tiempos remotos, y se adaptan muy bien al encierro, por su incapacidad de volar, y por no ser animales silvestres.

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En cambio, las guacharacas, a las cuales recogen de sus nidos aún en los huevos, y luego los incuban con las gallinas caseras, sufren mucho, porque traen gravados sus hábitos de animales silvestres en su información genética.

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Muchas veces, a las guacharacas les cortan las alas y las encierran para que no se escapen, lo que dificulta aún más su vida de ave de corral, a pesar de las recomendaciones que les hacemos a nuestros amigos campesinos, para que les otorguen la libertad a estas hermosas aves silvestres.

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Otro animal silvestre que llama mucho la atención es el morrocoy, común en estas zonas rurales, al cual crían en corrales rudimentarios, de donde, por su lentitud y corpulencia no pueden escapar.
Es común, que estos quelonios se reproduzcan de manera prolífica, y ya de adultos, los consuman en sopa, o pastel, pero como su desarrollo es tan lento, sirven de mascotas a los niños, a medida que ambos, niños y morrocoyes, se van desarrollando.

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Tal como ocurre en la ciudad, los gatos y perros constituyen las mascotas tradicionales, con un papel estelar, que los humaniza, a tal punto, que este par de mamíferos tienen acceso a todos los lugares de las casas, y a la comida que consumen los dueños humanos, con la contraprestación de varios servicios, por ser mimados y queridos.

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Los gatos son responsables de que los roedores, cucarachas, grillos y otras alimañas, se mantengan alejados de la casa, mientras que los perros, con sus hábitos nocturnos, tienen la delicada misión de vigilar la casa y resguardarla de la presencia de extraños, dando aviso al menor indicio de peligro.

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Además de ser queridas mascotas, los perros también ayudan en la cacería de animales silvestres, que complementan la proteína necesaria para la buena nutrición de toda la familia y de los perros mismos.

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Las mascotas ocupan un importante lugar en el corazón de mis amigos campesinos, a tal punto que, entierran a sus animales muertos, para evitar que los carroñeros los devoren.

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Ese, definitivamente, es amor del bueno.

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Ali Riera

Todas las fotografías son propiedad del autor.

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