Relato corto: La mecedora de la abuela

La mecedora de la abuela

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El parque donde jugaban los niños del pueblo, se ha quedado solo, las plantas silvestres van recuperando los espacios que antes de que llegara el hombre, les pertenecían.

El cielo se va llenando de nubarrones pareciera que va a llover.

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Asomada a la ventana, Carmen ve pasar a las pocas personas que apuraditas caminan hacia sus casas, casi todas de edad avanzada. En el pueblo ya no hay jóvenes. Los pocos que habían, se han ido buscando otra vida y desde hace mas de 20 años no han nacido mas niños.

—Hola Carmen, la saluda Juan el dueño de la carpintería, uno de los más jóvenes del pueblo, ya tengo lista la mecedora que me diste para reparar, la lije y pinte y quedó como nueva.

—Gracias Juan, mañana le digo a mi hermano que la vaya a buscar. Esa mecedora me trae muchos recuerdos, era de mi abuela y alli ella tejia todas las tardes, la encontré arrumada en el depósito.

—Claro que me acuerdo yo siempre que iba a buscar los aguacates y mangos que tu mamá nos regalaba, me encontraba con ella meciendose y tejiendo, a veces me asustaba, siempre me regañaba porque yo entraba con los zapatos sucios.

—Jajaja cierto Juan, a ella no le gustaba la casa sucia era maniática de la limpieza.

—¡Buenas noches Carmen!, me voy antes de que me caiga el palo de agua encima y apresura el paso.

Al despertar del dia siguiente Carmen va a la cocina y cuela el café y su aroma inunda todo. Está más contenta que de costumbre, hoy llegan a pasar unos días su hija y sus dos nietos Mariana y Carlos, que se llama como su abuelo.

Se afana en limpiar y organizar la casa y se acuerda de la mecedora. Va hasta el gallinero y le dice a su hermano.

—Matías, necesito que vayas a buscar la mecedora de la abuela en donde Juan.

—Esta bien Carmen, ahora en lo que me desocupe la traigo y continua en su labor de recoger los huevos para llevarlos a la cocina.

☆☆☆

Como a las dos de la tarde llegan la hija, su esposo y sus hijos, cansados del viaje. Carmen y Matías los reciben con abrazos y pasan al frescor de la casa. Los niños están felices de ver a su abuela y a su tío, ellos los consienten mucho. Matías los lleva a ver los animales de la granja y ellos lo ayudan a darle de comer a las gallinas y al gallo, los becerritos, las vacas y el toro negro con una mancha blanca en la frente. Los dos caballos aunque ya viejos son sus preferidos. El perro Manchas los acompaña moviendo la cola.

Después del almuerzo se recuestan un rato en las espaciosos cuartos de la abuela y en la noche conversan y salen al patio a ver la luna y las estrellas. Mas tarde cae una lluvia muy fina que todo lo humedece y hace bajar la temperatura.

☆☆☆

Al día siguiente, los niños corren a buscar a su tío para ayudarlo con los animales. A media mañana, Matías dice

—¡Carlos! ve con tu abuela y dile que me traiga más café.

—Si tío, y corre hasta la casa, entra por la puerta principal y escucha un grito que lo hace detenerse en el acto.

— ¡Juan! no pases a la sala, entra por la cocina, mira las marcas de barro que has dejado.

Carlos asombrado voltea y ve a una señora parecida a su abuela sentada en una mecedora y tejiendo. Asustado corre a la cocina y le dice a su abuela

—¡Abuela!, ¡abuela! ¿Quién es esa señora que me regaño y además me llamó Juan?

—¿Cuál señora? le pregunta su abuela que estaba conversando con su hija.

—Se parece a ti y esta en una mecedora.

Carmen no puede creer lo que escucha y va hasta la sala, su hija y su nieto la siguen.

La mecedora esta vacía pero aún se mueve como si alguien estuviera allí.

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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por leer.


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