La desaparición de Ángel Marrero (Relato - 3ra parte)

LA DESAPARICIÓN DE ANGEL MARRERO

por Pedro La Cruz @pelulacro

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Fuente: Pixabay

Después de que Vidalina se marchó a las Charas, la Tía Severina quedó con la preocupación de lo que hablaron en el cuarto de la abuela. A media tarde de ese mismo día, decidió llevar a Perucho a la casa parroquial para hablar con el Padre Celso, un cura español, de la congregación de los padres franciscanos con muchos años en Venezuela. El padre los recibió amablemente y preguntó por el motivo de la visita y la tía se ocupó de explicar con lujo de detalles lo de la visita a la cárcel, de la cual ya estaba en conocimiento el religioso, y finalmente el tema del mismo sueño que ambas personas tenían, para sorpresa del religioso que se limitó a dar ejemplos de las sagradas escrituras y de obras literarias de la antigüedad que se refieren a sueños premonitorios y anunciaciones, así como de creencias que pasan de generación en generación. El discurso del religioso demostró su gran conocimiento del tema pero no trajo solución para sus visitantes que escucharon atentamente esperando una especie de prescripción como las que dan los médicos. Comenzó a tronar y el cielo se tornó gris a las cuatro de la tarde.

-¿Qué son sueños premonitorios y anunciaciones, padre? -Preguntó Perucho al religioso.

-Lo premonitorio se refiere a la facultad o poder de algunas personas para pronosticar o predecir sucesos del futuro. Las anunciaciones son parecidas porque avisan de un hecho importante que va a ocurrir ¿Entiendes? Por ejemplo, el anuncio que hizo el Arcángel Gabriel a la Virgen María, de que Dios sería encarnado en su persona y así fue. ¿Tú has soñado con cosas que suceden después?

-No sé ¿Cómo se puede hablar de cosas que van a pasar? Eso es lo que dice muchas veces Escarrá Quintana, que yo puedo adivinar o hablar de cosas que van a pasar, pero no sé qué puedo hacer con eso, ni entiendo por qué me lo dicen.

-¿Quién es Escarrá Quintana?- preguntaron al unísono, el cura y la tía.

-¿Quién más te ha metido esas ideas en la cabeza?-preguntó el cura.

-Un señor extraño, un vagamundo que duerme en las plazas o en el cerro del castillo, donde lo agarre la noche y habla de poetas y filosofía, dijo que fue rico y tuvo familia y ha viajado en avión. No es de por aquí, es de Barcelona- Respondió el muchacho.

-Ah, ya sé, el vagabundo que a veces duerme sobre un cartón en las escalinatas de la iglesia, algo barbudo él, que no se baña. ¿Tú hablas mucho con él? - preguntó el sacerdote.

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Fuente: Pixabay

-Cuando lo veo, lo saludo y hablamos. Es muy inteligente y conoce de historia y de los sabios. Él se considera un vagamundo no un vagabundo y no es mendigo, porque no pide limosnas. Él recibe lo que le da la gente, pero no pide nada; aunque yo no veo diferencia entre vagamundo y vagabundo, pero sí creo que él es mejor que algunas personas que se bañan todos los días para ir al trabajo.

-¿Tú has hablado de este sueño con él? -Preguntó el cura.

-No. Yo no hablo de mis sueños con nadie, aunque hay sueños que uno tiene en la cabeza cuando estás despierto, esos son los sueños que yo deseo que se cumplan- Dijo el joven- Además, hace semanas que no veo al vagamundo.

-Muy bien chico; ahora que Ángel saldrá libre, las cosas van a mejorar, ese es un buen amigo, cuídate de estar hablando con vagabundos o vagamundos, o filósofos disfrazados de mendigos o de mendigos que presumen de poetas- Recuerda las enseñanzas de Carmelita y ven a hablar conmigo cuando lo necesites. Piensa en tus estudios, los amigos de tu edad, los juegos, el deporte, las carreras de bicicleta, tus papagayos, tus historietas dibujadas- dijo el cura en tono paternal…Mejor se van porque que va a llover- Concluyó el sacerdote.

-¿Eso es premonitorio? –preguntó el muchacho.

-Si, definitivamente, es premonitorio: va a llover, no sé si esta tarde o esta noche, pero te apuesto a que va a llover- Respondió el padre sonriendo.

-Sí, va a llover –dijo el chico con cara triste- y serán varios días de lluvia fuerte, tan fuertes que no podremos jugar pelota o ir a clases; el río se desbordará…tal vez desde mañana-dijo el chico viendo al cura.

El padre guardó silencio y vio a Severina. La mujer y su sobrino pidieron la bendición al padre, se despidieron y regresaron a casa ubicada a tres cuadras de la Iglesia Santa Inés. No hablaron durante el camino, porque caminaron apresuradamente. El cielo gris de las cuatro de la tarde y una brisa húmeda anunciaban lluvia. La nariz de Perucho comenzó a botar agua.

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Fuente: Pixabay

Ángel Marrero fue liberado al día siguiente y una comisión de tres guardias lo trasladó en Jeep a Las Charas y lo dejaron en su campo con Vidalina quien no cesaba de llorar de alegría al ver a su marido de vuelta a casa. El cura llevó esta noticia a la familia Muñoz y a otras cuatro familias más que conocían al amigo Ángel, entre ellas las margariteñas. Severina anunció que ese fin de semana visitarían la chara de Ángel.

Una lluvia pertinaz comenzó el miércoles al final de la tarde, el agua cesaba por minutos y volvía, mojando calles y vehículos. Uno que otro vecino caminaba apurado bajo un paraguas improvisado. En las Charas y los demás caseríos hasta Cumanacoa, el aguacero fue torrencial y el Manzanares aumentó su caudal.

-Si sigue lloviendo así, no vamos a poder ir a Las Charas- Le dijo el muchacho a la tía.

-Todavía falta mucho para el sábado. También podemos ir el domingo o el otro fin de semana de arriba- Respondió la tía.

La noche del miércoles llovió mucho. A las diez, todos dormían, menos Perucho que estaba atento al sonido del agua sobre el techo. La fuerza de la lluvia daba la impresión de que llovería toda la noche. Del techo del cuarto de los muchachos comenzó a colarse una gota y después otras. Una figura fantasmal colocaba recipientes para las goteras. Perucho sentía que la cama se movía, como si fuera una pequeña embarcación en un mar agitado por grandes olas; extendió sus brazos para agarrarse de los bordes del colchón para no caer al agua. Agua, ramas caídas y el viento mojaban y tocaban su cara y el cuerpo cuando sintió que le agarraron con mucha fuerza su brazo izquierdo, volteó y vio la cara de Ángel atrapado en el vórtice de la corriente, trató de agarrarlo con la otra mano, pero la pequeña embarcación se volteó y él cayó estrepitosamente en el piso de terracota. Se incorporó agitado y se encontró con su madre, envuelta en una cobija blanca, que traía otro recipiente para las goteras.

-¿Qué te pasa hijo? ¿Te caíste de la cama? -¡Estás temblando!, te voy a buscar ropa seca y otra cobija- Dijo la madre.

-Tuve otra vez ese sueño y vi que el río se tragó a Ángel Marrero- Dijo el chico, envolviéndose con una cobija seca y siguió a su mamá hasta el otro cuarto.

En el cuarto contiguo estaba la tía sentada en su cama con un rosario en la mano. La madre le dijo a su hermana Severina que Perucho tuvo una pesadilla y se cayó de la cama y parecía tener fiebre.
Perucho se sentó al lado de su tía y le dijo:

-Tuve otra vez ese sueño y vi que a Ángel Marrero se lo tragó el río-repitió la frase.

-Sí, ya lo sé, pero no te preocupes, por eso estoy rezando, pidiendo su salvación, él conoce muy bien ese río, nada malo le va a pasar, va a estar bien. Trata de dormir. Mañana es otro día. No va a llover toda la vida. Todos los años llueve así por estos tiempos y el río inunda la ciudad y los campos-Dijo la tía.

La mañana del jueves, estaba la familia desayunando cuando tocaron fuertemente la puerta. Severina fue a abrir y pronto se escuchó su llanto desconsolado. Era el cura con la noticia de que Ángel había desaparecido en el río la noche anterior. El religioso y la tía caminaron hacia el comedor, donde todos dejaron de comer, esperando los detalles de la información que trajo el padre.

El padre informó que el río arrasó con los campos, que hubo una crecida y la corriente del rio se llevó cultivos, animales y aparentemente a Ángel y no se sabía si a otras personas. Dijo que al final de la tarde, después de terminar de trabajar, Ángel se fue para el río y no volvió. El religioso dijo que iba a las Charas para colaborar con la búsqueda. Severina dijo que ella estaba a la orden y que podía ir también.

-Yo también quiero ir, Ángel está vivo, lo presiento. Yo lo vi, vivo y con mucha fuerza, casi me arranca el brazo- Dijo el muchacho.

-¿Cómo es eso?¿De qué estás hablando muchacho?- Preguntó el cura.

-Que anoche lo vi, cuando estaba en el río, sin ropas, la corriente era muy fuerte y me agarró el brazo, yo me caí al agua también pero me levanté del piso mojado, porque estaba soñando; yo quiero ir con ustedes.

-Definitivamente no. Severina sí puede ir porque esto es cosa de gente adulta, no de muchachos. Vidalina también necesita apoyo. Ya están en el carro sus primos, los hermanos Muñoz.

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Fuente: Pixabay

(Continuará...)

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