El tesoro de Etosha (primera parte) ESP/ENG


Mis viajes me llevaron más lejos de lo que me imaginé. Cuando comencé a recopilar datos, estos comenzaron a llegar a raudales. Algunos eran pistas falsas que no valía la pena seguir, pero otros, eran indicios sumamente extraordinarios; imposibles de pasar por alto.

La mañana de invierno del 25 de febrero, recuerdo haber salido a comprar pan en la tienda de la esquina. Era una mañana especialmente fría, pero eso no parecía importarle a la gente. La panadería estaba abarrotada. A todos les encantaba el pan de maíz y canela que preparaban allí, además, era el lugar favorito para conversar y enterarse de los aconteceres del pueblo.

Cuando llegué a buscar mi encargo de pan, el tendero tenía otro paquete esperando por mí.

—Señor, ha llegado algo para usted —me dijo.

Lo miré extrañado, pues no esperaba ningún paquete de nadie.

—¿Sabes quién es el remitente? —pregunté casi de inmediato.

El tendero se encogió de hombros, no era raro que recibiera correos sin preguntar su procedencia, después de todo, era un vendedor de pan, no un agente del servicio postal.

Tomé mi paquete que constaba de una carta y una pequeña caja. Me retiré a una pequeña oficina que me servía de centro de investigación en una escuela local. Allí, como de costumbre, preparé café caliente y me dispuse a desayunar. Aunque me intrigaba el contenido de la carta y la caja, no me apresuré, ya había recibido pistas sin sentido antes.

Pero algo llamó mi atención en el sobre, su papel era diferente, como hecho a mano, y llevaba un sello que al momento no pude reconocer.

Me quedé detallando detenidamente el símbolo, tratando de descifrar si se trataba de un emblema de algún país o el escudo de alguna familia. Era la silueta de algún oso o animal con garras, y había dos letras bastante claras en el interior: F y K.

El sello era bien elaborado, aunque el aspecto general del sobre no era para nada ostentoso. Me puse a examinar la caja, y lentamente la abrí para conocer su contenido. Me sorprendió lo bien envuelto que estaba lo que fuera que hubiera en su interior. Muchas tiras de tela de algodón para proteger lo que parecía una pieza de bronce pulido.

Pero al examinar el acabado, noté que no se trataba de bronce sino de oro. Una especie de artefacto rectangular, del tamaño de un palmo, con inscripciones en un idioma poco conocido y recubierto de una capa de pintura para disfrazar su apariencia, no tenía marcas especiales, y reconozco que me fue imposible identificar su propósito en ese momento.

Pensé que en la carta encontraría una explicación sobre este valioso objeto, así que dejé mi café a medio terminar para leerla.

Cuando la abrí, me llevé una inesperada sorpresa. El remitente resultó ser un viejo conocido que sabía de mis investigaciones, y me invitaba a viajar hasta un lugar remoto donde se encontraba para que lo ayudara a registrar un gran descubrimiento.

Prometía una buena paga, el artefacto de oro resultó ser un adelanto. Así que copié cuidadosamente las instrucciones de la carta que me permitirían llegar al lugar, y luego de poner algunos asuntos en orden, arreglé las maletas y salí a la estación de tren en medio del frío.

Jamás imaginé la aventura que me esperaba.

Gracias a estos testigos por su apoyo constante y orientación, ustedes merecen un voto de confianza: @guiltyparties @enginewitty @thealliance @c0ff33a



My travels took me further than I imagined. As I began to collect data, it began to pour in. Some were false leads that were not worth following up, but others were most extraordinary clues; impossible to miss.

On the winter morning of February 25, I remember going out to buy bread at the corner store. It was a particularly cold morning, but that didn't seem to bother people. The bakery was crowded. Everyone loved the corn and cinnamon bread they baked there, plus it was a favorite place to chat and find out what was going on in town.

When I arrived to get my order of bread, the storekeeper had another package waiting for me.

-Sir, something has arrived for you," he said.

I looked at him in surprise, as I wasn't expecting a package from anyone.

-Do you know who the sender is? -I asked almost immediately.

The shopkeeper shrugged his shoulders, it was not unusual for him to receive mail without asking where it came from, after all, he was a bread seller, not a postal service agent.

I took my package consisting of a letter and a small box. I retreated to a small office that served as my research center at a local school. There, as usual, I brewed hot coffee and set out for breakfast. Although I was intrigued by the contents of the letter and the box, I didn't rush, I had received meaningless clues before.

But something caught my eye on the envelope, its paper was different, as if handmade, and it bore a stamp that at the moment I could not recognize.

I stared at the symbol, trying to decipher if it was an emblem of some country or the coat of arms of some family. It was the silhouette of some bear or clawed animal, and there were two quite clear letters on the inside: F and K.

The seal was well crafted, although the overall appearance of the envelope was not at all ostentatious. I set about examining the box, and slowly opened it to learn of its contents. I was surprised at how well wrapped whatever was inside was. Many strips of cotton cloth to protect what looked like a piece of polished bronze.

But as I examined the finish, I noticed that it was not bronze but gold. A sort of rectangular artifact, about a span in size, with inscriptions in an unfamiliar language and coated with a layer of paint to disguise its appearance, it had no special markings, and I admit that it was impossible for me to identify its purpose at the time.

I thought that in the letter I would find an explanation of this valuable object, so I left my half-finished coffee to read it.

When I opened it, I was in for an unexpected surprise. The sender turned out to be an old acquaintance who knew about my research, and was inviting me to travel to a remote place where they were meeting to help him record a great discovery.

He promised good pay, the gold artifact turned out to be an advance. So I carefully copied the instructions in the letter that would allow me to reach the place, and after putting some matters in order, I packed my bags and left for the train station in the cold.

I never imagined the adventure that awaited me.

Thanks to these witnesses for their constant support and guidance, you deserve a vote of confidence: @guiltyparties @enginewitty @thealliance @c0ff33a


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Escrito original de G. J. Villegas @latino.romano


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