Sexto Extraño Concurso: El costal de Don Alberto. // Don Alberto's sack. (Esp-Eng)

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@saulos

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Miguel regresaba a casa una tarde después de la escuela. Se le fueron las horas en la biblioteca. Iba sentado en uno de los últimos asientos del autobús, disfrutando de buena música con sus audífonos. Su casa quedaba bastante retirada de la ciudad, por lo que debía quedarse en la última parada.

Antes que él se bajó Don Alberto, un viejito de 78 años que vivía a unas calles de él. Miguel notó que se le había quedado un pequeño costal a los pies del asiento y decidió devolvérselo.

Empezó a caminar, de pronto sintió una gran curiosidad. Se preguntaba ¿Qué traería el abuelo en ese pequeño costal? Lo palpó todo, se sentían unas pequeñas bolitas adentro. Miguel no aguantó más la curiosidad y tuvo que abrirlo. Pensó que, si lo cerraba bien después de curiosear, tal vez Don Alberto no se daría cuenta de su impertinencia.

Soltó el alambre con el que estaba cuidadosamente amarrado. Le costó un poco de trabajo soltarlo, pues el alambre tenía varias vueltas. Cuando por fin logró soltarlo pudo notar que eran frutos secos. Almendras, las favoritas de Miguel.

Lo pensó un poco, tenía mucha hambre y sintió un deseo inminente de comer unas cuantas. Sacó 5 en una mano y unas cuantas en la otra. Cerró el costal y siguió avanzando, ya estaba muy cerca. Las deliciosas almendras parecían aplacar el hambre incontrolable de Miguel. Volvió a abrir el costal y saco un puñado más, esta vez lleno sus mejillas de esta sabrosa fuente de energía.

Caminó más. Estaba a una calle y decidió abrir de nuevo el pequeño costal para dar otra probada al manjar que transportaba. Comió puñados de almendras que sus dientes trituraron rápidamente.
Cuando llegó a la puerta del anciano le explicó que había olvidado el costal en el autobús.

-Espero no le molesté Don Alberto, pero tuve que abrir el costal- Dijo avergonzado el muchacho.

-¡Ah! ¿Entonces te diste cuenta de lo que había adentro?- Dijo el viejo, más avergonzado que el muchacho.

-Sí, pero volví a cerrarlo- se excusó Miguel.

–Son los centros- Exclamó Don Alberto casi susurrando.

-¿Los centros?- replica miguel muy confundido.

-Sí, desde el año 2000 tengo por costumbre comerme una golosina todos los días, de esas almendras cubiertas de chocolate, pero como mi dentadura no sirve para masticar, chupo el chocolate y guardo los centros de almendras en el costal.

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Fuente // Source

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Miguel was returning home one afternoon after school. He was spending hours in the library. He was sitting in one of the last seats of the bus, enjoying good music with his headphones. His home was quite far from the city, so he had to stay at the last stop.

Before him, Don Alberto, a 78-year-old man who lived a few blocks away, got off the bus. Miguel noticed that he had left a small sack at the foot of the seat and decided to give it back to him.

He started to walk, and suddenly he felt a great curiosity. He wondered what Grandpa was carrying in that little sack? He felt it all, he could feel some little balls inside. Miguel could not stand his curiosity any longer and had to open it. He thought that if he closed it properly after peeking inside, maybe Don Alberto wouldn't notice his impertinence.

He loosened the wire with which it was carefully tied. It took him some effort to loosen it, as the wire had several turns. When he finally managed to loosen it, he could see that they were nuts. Almonds, Miguel's favorite.

He thought about it for a while, he was very hungry and felt an imminent desire to eat a few. He took out 5 in one hand and a few in the other. He closed the sack and kept moving forward, he was already very close. The delicious almonds seemed to appease Miguel's uncontrollable hunger. He opened the sack again and took out a handful more, this time filling his cheeks with this tasty source of energy.

He walked further. He was one street away and decided to open the small sack again to have another taste of the delicacy he was carrying. He ate handfuls of almonds that his teeth quickly crushed.
When he arrived at the old man's door, he explained that he had forgotten the sack on the bus.

-I hope I didn't bother you, Don Alberto, but I had to open the sack," said the boy embarrassed.

-Ah, so you realized what was inside," said the old man, more embarrassed than the boy.

-Yes, but I closed it again," excused Miguel.

-It's the centers," exclaimed Don Alberto, almost whispering.

-The centers?" replied Miguel, very confused.

-Yes, since the year 2000 I have been in the habit of eating a candy every day, one of those chocolate-covered almonds, but since my teeth are not good for chewing, I suck the chocolate and keep the almond centers in the sack.

Translated with www.DeepL.com/Translator


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Espero que les guste mi participación en el Sexto extraño concurso
Invito a participar a @irenenavarroart para que presente una extraña historia

Gracias por leerme, hasta una próxima oportunidad.

I hope you like my participation in the Sixth Strange Contest.
I invite @irenenavarroart to participate to submit a strange story.

Thank you for reading me, until next time.

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