Microficción para Oscar Wilde

El 16 de octubre de 1854 nació el escritor irlandés Oscar Wilde, tan difundido por cuentos como “El ruiseñor y la rosa”, por su novela El retrato de Dorian Gray o por obras teatrales como La importancia de llamarse Ernesto. Para saber más de la vida de Wilde, puede ir a la fuente indicada. Sí cabría decir que murió a los 46 años, al poco tiempo de ser liberado de la prisión, a la que fue condenado por su homosexualidad.

Para esta microficción imagino una entrevista hecha por el escritor francés André Gide, quien había asumido la homosexualidad, y escrito varios ensayos entre 1911 y 1920 en su reivindicación como actitud normal, recogidos luego en el libro Corydon (1924), curiosamente rechazados por algunos de sus amigos escritores y luego prohibidos por la Iglesia Católica.


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Oscar Wilde reclinado con su libro Poemas; retrato de Napoleon Sarony, en Nueva York (1882) - Fuente - Dominio público


Gide: Sir Wilde, fue muy arrojado al iniciar aquella relación con su amigo de entonces, Alfred Douglas, a conciencia de que vivía en esa sociedad británica victoriana, caracterizada por sus prejuicios morales y un gran puritanismo.

Wilde: Sí, y las consecuencias las sufrí en carne propia, al ser condenado por “sodomía” a dos años en la cárcel de Reading con trabajos forzados. Fui víctima no solo del moralismo más feroz, sino de una gran hipocresía y manipulación judicial.

Gide: Pues nada lejos de lo que pasaría después en esos regímenes socialistas, esos que prometían un estado de libertad, ideario que apoyó.

Wilde: Y de lo que no quiero acordarme, aunque seguí sosteniendo mi defensa a la vida en libertad. Esta siempre será como una pesada roca a empujar, y que, como Sísifo, se nos caerá y habrá que volver a cargar en esa dura cuesta.

Wilde hace silencio, y luego sigue: Si sabe algo acerca de mi vida, recuerde que fui formado en la cultura clásica griega. Gran parte del modo de asumir la vida me viene de esa fuente. El sentido de libertad de los antiguos griegos era admirable, aunque trágico, en el mejor sentido. Nietzsche, mi contemporáneo, lo tuvo muy claro.


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Representación del castigo de Sísifo, por Titian (1490-1576) - Fuente - Dominio público


Gide: Por cierto, privilegió al arte en su vida, incluso algunos lo ubican en el esteticismo y decadentismo de final de siglo. ¿Cómo se corresponde con lo dicho anteriormente?

Wilde: Más allá de los encasillamientos de ciertas clasificaciones, reconozco que respondí a los signos de mi tiempo, que eran aires de libertad, rompiendo con convencionalismos y simplismos. La búsqueda sin tapujos de la belleza nos animaba, con la intensidad que ella supone. La propuesta de la decadencia era una rebelión, una forma de contraponerse a los valores sociales hipócritas vigentes.

Gide: ¿Y de allí el dandismo?

Wilde: El dandy ya existía como figura. Nuestro amado Baudelaire lo había representado completamente. Había que trastocar incluso la apariencia, lo exterior.

Gide: ¿Su cabellera larga?

Wilde: Sí, y la indumentaria extravagante, los comportamientos excéntricos… En fin, todo eso que tuvo su sentido, porque conmovió, hizo cambiar, pero pasó…


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Retrato de Oscar Wilde - Fuente - Dominio público


Gide: Como pasa la vida… Fue un hombre recio, con la sutilidad que quizás recibió de su madre (pero eso será para una próxima entrevista). Nunca olvidaré aquellas frases finales de su De Profundis, la carta desde la cárcel a su amante: “(…) no olvides en qué terrible escuela hago mi aprendizaje”, y sigue: “Viniste a mí para aprender los placeres vitales y los placeres artísticos. Quizás me fue dado enseñarte algo mucho más maravilloso: el sentido del dolor –y su belleza”.

Wilde: Gracias por recordarme esas palabras…

Bajó su cabeza y calló por varios minutos. Luego prosiguió:

Wilde: Al final, siempre nos encontramos (o reencontramos) con lo que quizás negamos, o creímos hacerlo. Cuando salí de la prisión, me retiré a un lugar de Francia, donde con cierta paz interior, pero tocado todavía por el dolor, escribí La balada de la cárcel de Reading. Afectado profundamente por el ahorcamiento de aquel preso, escribí esa composición que fue como una exhalación.

Y luego recitó, con voz queda: “pues quien vive más de una vida / más de una muerte ha de morir”, “solo las lágrimas pueden sanar”.

Wilde: Disculpe, usted, mi ya apreciado amigo, esta desviación.

Gide: No quiero indisponerlo más en esta ocasión. Una última pregunta: ¿por eso volvió en su último momento a esa fe de la que aparentemente se había apartado?

Wilde: Creo que la existencia está hecha de idas y venidas, de avances y retrocesos. No sé qué opinará usted. A mí me llegó esa reflexión, sobre todo en la prisión. Muchos de mis desafueros no los pude resarcir. Ya en la balada nombrada está ese cambio: “La buena tierra de Dios es más bondadosa de lo que creen los hombres”. También al final recobré otro sentido, que expresé así: “La vida no puede escribirse; solo vivirse”.


Referencias:

Wilde, Ocar (1975). De Profundis. España: Muchnik Ediciones.
https://freeditorial.com/es/books/la-balada-de-la-carcel-de-reading/downloadbookepub/pdf
https://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Wilde


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Gracias por su lectura.


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