Insinuaciones prohibidas / relato


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Finalmente, ha llegado el momento de confesar. A través de esta pequeña nota escribo hechos y circunstancias que me arrastraron a todo lo que hice. Por favor, lean hasta el final.


Cuando la conocí me sorprendió bastante su físico, tenía un porte tan femenino que me volvió loco en minutos, y es que aquella chica parecía una mini diosa fabricada por los mismos dioses, para joder a cualquier hombre que se cruzara con ella. Tenía los ojos claros, las cejas perfectamente delineadas y sus labios te incitaban peligrosamente a besarlos, ¡qué belleza! Además su larga y lacia cabellera negra tocaba sus nalgas y su apetitosa cintura daba el toque mágico a ese escultural cuerpo, esa mujer casi me hace cortar la mano.


Soy mecánico tengo mi propio taller, pero algunos clientes me contratan para reparar el coche en su propia casa, quizá es tedioso porque tengo que mover todas mis herramientas, pero cuando pienso que mi cliente ha aceptado la alta tarifa que he pedido por mi trabajo, no lo veo tan molesto.
Bueno, me ha ido siempre muy bien en este negocio, en primer lugar porque mi padre me heredó todos los conocimientos sobre esto y segundo, porque he seguido mis propias reglas y he hecho todo lo posible por no romperlas.


Pero, ¿qué harías si estuvieras en una casa ajena trabajando cómodamente, y de repente sale una hermosa mujer en toalla? yo me quedé perplejo ante semejante espectáculo humano. Al parecer en ese instante ella no se percató de mi presencia, o quizá fingió ignorarme, pero después me pareció ver que me miró un momento no estoy seguro, aunque luego cuando intenté establecer contacto visual con ella nunca dirigió la mirada hacia mí. Permaneció sentada en un banco de metal que estaba en el jardín y lo único que hacía era echarse crema y exfoliarse esas piernas tan hermosas.


Pasaron los días, ella comenzó a provocarme como quien no quiere la cosa con esa ropa tan corta que llevaba siempre y las cosas que hacía, como lamer un caramelo, hacerse fotos sexys en el jardín y juro que me estaba volviendo aún más loco. Entonces, un día me armé de valor y decidí hablar con ella e invitarla a comer o pedirle su número, no me importaba que estuviera casada con el hombre que me contrató, tal vez pensé en ese momento que él no la satisfacía lo suficiente y por eso ella se comportaba así conmigo mostrándose tan descaradamente. A medida que me acercaba, sudaba más y cuando estaba justo delante de ella y quería saludarla con un hola se levantó y me dejó como un estúpido, ese día mi autoestima bajó mucho y lo único que me provocó fue entrar en esa casa y matarla.


El tiempo continuaba transcurriendo y la mujer seguía jugando conmigo, en cada movimiento que hacía se me insinuaba sexualmente, hasta que una mañana no pude soportarlo, sentí que mi cabeza iba a explotar, la deseaba tanto que no pensé en las consecuencias, solo quería poseerla y vengarme. Esperé a que su marido saliera a trabajar y que ella iniciara la misma rutina de siempre. Cuando se concentró en lo suyo el cual era pasarle la lengua a una banana vi mi oportunidad. La agarré por el pelo y me aseguré de taparle la boca para que nadie la oyera, le pregunté si quería divertirse conmigo y solo murmuró que la soltara, eso me enfureció aún más.


Luego la até a una viga y le pregunté que ganaba con mostrarme esas cosas y no hacer nada más y ella solo dijo que no estaba haciendo nada malo y que nunca tendría sexo con un pobre mecánico como yo. Juro que la odié más con esa respuesta, así que le rompí la poca ropa que tenía y la dejé totalmente desnuda, quería tocarla, quería hacerle el amor a esa belleza, me moría de ganas de besarla, y cuando me acerqué vi asco en sus ojos y me alejé, la admiré desnuda por un buen rato y luego tomé la gasolina y la empapé con ella. En sus ojos ya no había asco, en sus ojos se reflejaba el miedo, pero no me importó y le prendí fuego, la quemé viva y huí del lugar.


Han pasado exactamente 8 meses desde que lo hice, soy un fugitivo, me llaman el monstruo del cafetal y hoy quería confesar cómo fue y por qué perpetré el asesinato. A pocos minutos de cruzar la frontera les dejo esta nota escrita de mi puño y letra y les digo que no estoy arrepentido.

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