Concurso de literatura La Abeja Obrera | Silvestre (ES/EN)

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Fotografía referencial
(Plaza las Heroínas - Mérida, Venezuela)
Fuente: propia

Español

El amanecer se acercaba. Entre las sombras de los árboles, bajo el débil resplandor de la luna nueva, junto a una banca metálica dormitaba él. Un movimiento brusco como el de alguien que momentáneamente ha entrado en pánico rompió la aparente desolación de aquella plazoleta.

Aquel día despertó, justo cuando los primeros rayos del sol rozaban suavemente su áspero rostro. Era habitual que a diario esto sucediera, salvo cuando las calles del pueblo eran inundadas durante la época de lluvias.

Aún continuaba recostado sobre el piso donde tenía como soporte bajo la cabeza el borde de la acera, mientras yo observaba detalladamente a un par metros. Unos minutos más tarde vi que a casi tres cuadras de distancia se acercaban dos personas. Era una mujer con un niño. Al paso que llevaban, el pequeño era arrastrado cuando casi caía al suelo e intentaba erguirse nuevamente para continuar el camino en dirección a la escuela. En un pequeño descuido el niño pudo escabullirse, y con un paso acelerado llegó hasta donde estaba ese hombre.

-¡Mamá!- gritó-. Mira, mira ¿por qué duerme aquí?

Ella se acercó rápidamente y lo retiró de un empujón al momento que exclamaba: ¡Silvestre, vámonos!

Después de un largo rato decidí acercarme al hombre.

-¡Su nombre es como el mío!- dijo con una voz grave refiriéndose al niño.

Mientras le miraba fijamente continuó la conversación. -Mi madre era una maestra en una escuela rural de poca matricula. Mis dos hermanos y yo nos criamos solos bajo su protección, pues mi padre murió cuando éramos apenas unos niños.

Así, me contó un poco de su vida.

-Descubrí que fui feliz, pero ya es muy tarde. Apenas dejé de advertirlo empecé a desperdiciar mi vida convirtiéndome en un desgraciado. No me importaba nada, absolutamente nada- prosiguió.

Silvestre se había entregado al abandono, a la soledad, al frío y negro destino de las calles, a la desdicha que se incrustaba dentro de si cada vez que pasaban los tragos amargos por su garganta.

Espero que les haya gustado mi post. Invito a @katerinhernandez y a @nina81 a participar en este Concurso de Literatura La Abeja Obrera


Texto original en español
Traducido al inglés con el traductor en línea Deepl
Fotografía: fuente propia




plaza.png

Reference picture
(Plaza las Heroínas - Mérida, Venezuela)
Source: own

English

Dawn was approaching. In the shadows of the trees, under the faint glow of the new moon, he dozed beside a metal bench. A sudden movement, like that of someone who has momentarily panicked, broke the apparent desolation of that small square.

That day he woke up, just when the first rays of sunlight gently brushed his rough face. This was a common daily occurrence, except when the streets of the town were flooded during the rainy season.

He was still lying on the ground where he had the edge of the sidewalk as a support under his head, while I watched in detail a couple of meters away. A few minutes later I saw two people approaching from almost three blocks away. It was a woman with a child. At the pace they were going, the little boy was being dragged as he almost fell to the ground and tried to stand up again to continue on his way to school. In a little carelessness the child was able to slip away, and with an accelerated pace he reached the man.

-Mom!- he cried out-. Look, look, why is he sleeping here?

She quickly approached him and pushed him away as she exclaimed: Silvestre, let's go!

After a long while I decided to approach the man.

-His name is like mine," she said in a deep voice, referring to the boy.

As I stared at him he continued the conversation. -My mother was a teacher in a rural school with low enrollment. My two brothers and I grew up alone under her protection, as my father died when we were just children.

So, she told me a little of her life.

-I discovered that I was happy, but it's too late now. As soon as I stopped noticing it, I began to waste my life becoming unhappy. I didn't care about anything, absolutely nothing," he continued.

Silvestre had given himself up to abandonment, to loneliness, to the cold and black fate of the streets, to the misery that embedded itself inside him every time the bitter gulps passed down his throat.

I hope You liked My post. I invite @katerinhernandez and @nina81 to participate un this La Abeja Obrera Literatura Contest


Original text in Spanish
Translated to English with the online translator Deepl
Photography: source own

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